¿CASAS DE MADERA EN EL MEDITERRÁNEO? AISLAR NO ES REGULAR

Resumen: Los sistemas ligeros de madera pueden alcanzar un gran aislamiento, pero aportan poca inercia térmica. En numerosos climas mediterráneos necesitamos además masa, control solar y ventilación. La tierra cruda, combinada con aislamiento exterior, ofrece una solución especialmente interesante por su capacidad térmica e higrométrica.

Era necesario dedicar una entrada a una tendencia que se está imponiendo en el discurso de la construcción sostenible: la promoción de los edificios industrializados de madera como una de las grandes soluciones para reducir el impacto ambiental del sector.

La madera se presenta como un material renovable, ligero, industrializable y capaz de almacenar el carbono captado durante el crecimiento de los árboles. Son cualidades importantes. Pero una vivienda no puede evaluarse únicamente por la procedencia o la huella de carbono inicial de su envolvente.

Una construcción sostenible también debe responder al clima donde se levanta, lo cual influye directamente en el consumo energético y la huella de carbono durante su vida útil.

Y es aquí donde comienzan nuestras dudas.

No porque la madera carezca de utilidad en construcción. Puede ser excelente para cubiertas, forjados, carpinterías y determinados elementos estructurales. El problema aparece cuando se pretende convertir la vivienda ligera de madera en un modelo prácticamente universal, trasladable a cualquier territorio sin considerar suficientemente su comportamiento térmico real.

La promoción institucional de la construcción con madera se está intensificando. Enlace imagen.

LA PROMOCIÓN INSTITUCIONAL DE LA MADERA

Durante los últimos años, la Diputación de Málaga y la Fundación Cesefor han desarrollado numerosas actividades destinadas a promover la denominada bioconstrucción industrializada con madera: encuentros profesionales, formación, visitas a obras y programas como Málaga Bio.

Detrás de esta iniciativa existen objetivos económicos, forestales, formativos y de lucha contra la despoblación que pueden ser legítimos. Sin embargo, en la comunicación pública se habla mucho de industrialización, innovación, empleo verde y carbono, pero considerablemente menos del comportamiento de estos sistemas en los distintos climas mediterráneos.

La pregunta no debería ser solamente:

La pregunta verdaderamente importante es:

Vivienda de estructura ligera de madera en proceso de construcción. Fotografía propia del autor.

UNA SOLUCIÓN SOSTENIBLE TAMBIÉN DEBE RESPONDER AL CLIMA

El clima mediterráneo abarca muchas variantes: continental mediterráneo, árido, subtropical… No existe un único clima mediterráneo.

Tenemos zonas costeras húmedas, interiores continentalizados, territorios secos y áreas semiáridas. Cambian las temperaturas nocturnas, la humedad, la amplitud térmica y las necesidades de calefacción o refrigeración.

Pero muchas de estas zonas comparten unas condiciones fundamentales:

  • Radiación solar muy intensa.
  • Veranos largos y calurosos.
  • Riesgo de sobrecalentamiento.
  • Inviernos que también pueden ser fríos.
  • Importantes oscilaciones térmicas diarias en las zonas interiores y secas.

La arquitectura debe responder primero a estas condiciones y recurrir después, cuando resulte necesario, a sistemas activos de climatización.

En verano, la primera estrategia consiste en impedir que el sol entre: aleros, porches, persianas, contraventanas, patios interiores, vegetación, huecos proporcionados y protecciones solares exteriores.

Pero la sombra no lo resuelve todo.

Siempre existirán ganancias térmicas a través de ventanas, cubiertas, personas, iluminación y electrodomésticos. El edificio necesita capacidad para absorber parte de esas ganancias caloríficas sin que se traduzcan inmediatamente en una elevación de la temperatura interior.

Necesita inercia térmica.

Ventana tradicional con balconcillo para proteger de la insolación directa del verano. Ronda. Fotografía propia del autor.

AISLAR NO ES REGULAR

Uno de los errores más habituales consiste en confundir aislamiento con estabilidad térmica. No son lo mismo y no resuelven el mismo problema.

El aislamiento dificulta el paso del calor a través de un cerramiento. Es imprescindible tanto en invierno como en verano, porque reduce el intercambio entre el exterior y el interior. La inercia térmica hace otra cosa: permite que el edificio absorba parte del calor, lo almacene temporalmente y lo libere poco a poco. Gracias a ello, la temperatura interior cambia más despacio

Los sistemas ligeros de madera pueden alcanzar valores de aislamiento excelentes, pero suelen disponer de poca masa conectada con el espacio interior. Cuando entran ganancias solares o se acumula calor procedente de las personas y los equipos, esa energía tiene menos masa donde almacenarse y la temperatura interior puede subir con mayor rapidez si no se evacúa mediante sombra, ventilación o climatización.

Amortiguación y desfase térmico

Una forma sencilla de entender la inercia térmica es imaginar el muro como una batería de energía. Un material con elevada capacidad térmica puede absorber mucho calor sin aumentar rápidamente de temperatura, almacenarlo durante un tiempo y liberarlo después cuando cambian las condiciones.

Esa capacidad modifica la onda de temperatura que llega desde el exterior de dos maneras:

  • Amortiguación térmica: reduce la intensidad de la oscilación. Si fuera la temperatura cambia mucho, dentro cambia bastante menos.
  • Desfase térmico: retrasa el momento en que ese cambio se percibe en la cara interior del cerramiento.

Ambos efectos trabajan juntos. No buscamos solamente que el calor tarde más en llegar, sino que llegue más tarde y, sobre todo, mucho más amortiguado. Así, el edificio dispone de más tiempo para mantener unas condiciones interiores estables y, cuando el clima lo permite, aprovechar el descenso de temperatura nocturno para evacuar el calor acumulado.

Incluso los criterios de Passivhaus reconocen que una mayor capacidad térmica interior reduce las oscilaciones y mejora el confort estival. El Passive House Institute señala que, bajo condiciones comparables, resulta más fácil mantener fresco un edificio con masa interior accesible que otro puramente ligero. También advierte que la masa no sustituye al sombreado ni a la ventilación, pero ayuda a amortiguar los picos de temperatura.

Diagrama de elaboración propia

El siguiente esquema muestra un funcionamiento conceptual en función de datos recabados y de la experiencia acumulada, para un clima mediterráneo continental suave, y una casa de tierra con aislamiento exterior.

  • La curva roja representa la temperatura exterior. Por desgracia esta gráfica va subiendo cada año debido a los valores récord que vamos acumulando.
  • La curva verde representa una respuesta interior estable. Debemos aspirar a que esa gráfica sea lo mas estable posible. En verano puede alcanzar un máximo de 27-28º y en invierno 18-19º.
  • La diferencia de amplitud muestra la amortiguación térmica.
  • El desplazamiento del máximo interior muestra el retardo de la respuesta térmica del edificio.

El ciclo diario mediterráneo

En muchas zonas mediterráneas interiores y secas existe una ventaja adicional: durante la noche la temperatura exterior desciende de forma apreciable. Esa diferencia permite utilizar la masa térmica como una batería que se carga y se descarga cada día.

  • Durante el día, la protección solar reduce las ganancias, el aislamiento dificulta la entrada del calor y la masa absorbe parte de lo que inevitablemente llega al interior.
  • Durante la noche, cuando el aire exterior es más fresco, la ventilación ayuda a extraer el calor acumulado y a enfriar de nuevo muros y suelos.

La ventilación nocturna no funciona igual en todos los climas ni durante todas las olas de calor. Si la noche permanece demasiado cálida, habrá menos capacidad para descargar el edificio y puede ser necesario recurrir a refrigeración activa. La masa no genera frío: retrasa y reduce el calentamiento. Llegados a este punto, la pregunta ya no es solo cuánto aislamos, sino qué material utilizamos para aportar esa masa y ayudar a mantener estable el ambiente interior.

Esquema gráfico sobre el comportamiento térmico mediterráneo. Obtenido de ENLACE.

LA TIERRA CRUDA COMO MATERIAL REGULADOR

Si necesitamos masa térmica, ¿qué material puede aportarla y, además, ayudar a regular la humedad? La tierra cruda.

La tierra cruda reúne propiedades especialmente interesantes para este tipo de funcionamiento.

La tapia, el adobe y los bloques de tierra comprimida aportan una elevada masa térmica y, al mismo tiempo, una alta capacidad de almacenamiento de humedad. El agua posee una elevada capacidad calorífica, por lo que el contenido de humedad de la tierra puede contribuir a aumentar su capacidad de almacenamiento térmico y a suavizar las variaciones de temperatura.

Demás, regula de forma excepcional la humedad interior. Su estructura porosa y la presencia de arcillas permiten captar vapor de agua cuando aumenta la humedad relativa y liberarlo cuando el ambiente se vuelve más seco.

Esta combinación de masa y regulación de la humedad explica parte de una sensación que todos reconocemos en bodegas, casas cueva y edificios tradicionales de muros gruesos: la temperatura cambia lentamente y el ambiente permanece mucho más estable.

El efecto bodega

Todos conocemos la experiencia: Entramos en una bodega, una casa cueva o una construcción tradicional de muros gruesos y percibimos inmediatamente un ambiente diferente.

Fuera puede haber una fuerte radiación solar, pero dentro la temperatura permanece más estable. Los cambios se producen lentamente. El aire parece más fresco, el ambiente más silencioso y las superficies mantienen una temperatura uniforme.

Esta sensación no procede de una propiedad aislada, sino de la combinación de distintos factores:

  • Muros gruesos y masivos.
  • Pocos huecos y escasa radiación directa.
  • Inercia térmica.
  • Regulación de la humedad.
  • Ventilación controlada.

Una casa de tierra se parece más a una bodega que a una caja aislante.

La caja ligera y aislada intenta reducir al máximo el intercambio, pero dispone de poca capacidad para absorber y regular los excesos cuando estos ya han entrado.

La construcción de tierra, cuando está bien protegida y correctamente aislada, funciona como un depósito térmico e higrométrico. No mantiene una temperatura fija, pero evita que las variaciones exteriores se conviertan inmediatamente en variaciones interiores.

El confort de una construcción masiva se percibe antes de que conozcamos la física que lo explica.

Los muros de tapia en los antiguos lagares

Durante años he ido identificando restos de tapia en antiguos lagares de la provincia de Málaga. Una circunstancia que se repite con cierta frecuencia es su utilización precisamente en el gran muro central que separaba y articulaba las naves.

No parece un detalle menor.

El lagar tradicional malagueño se organizaba habitualmente en dos espacios principales. En uno se realizaban la pisa y el prensado de la uva. En el otro se encontraba el tinajero o bodega donde fermentaba el mosto.

El estudio realizado por Álvaro Amaya Ríos sobre centenares de lagares de Málaga documenta edificios de dos naves con muros maestros de tapia. También señala que sus vanos, pequeños y orientados generalmente al sureste, contribuían a conservar unos interiores frescos y oscuros y a mantener una temperatura constante en la bodega.

En nuestras propias identificaciones, la presencia repetida de tapia precisamente en el muro central o de picadero abre una línea de interpretación interesante.

El muro tenía indudablemente funciones estructurales. Articulaba las naves, podía participar en la estabilidad del conjunto y estaba relacionado con los importantes esfuerzos generados por la prensa.

Pero su enorme masa también afectaba al comportamiento térmico de los espacios y ofrecía la estabilidad térmica que necesita el vino para su adecuada conservación.

Restos de muro de tapia en lagar de la provincia de Málaga. Fotografía de Álvaro Amaya Ríos.

TIERRA CRUDA + AISLAMIENTO EXTERIOR: UNA SOLUCIÓN CONTEMPORÁNEA

Defender la tierra cruda no significa renunciar al aislamiento ni reproducir literalmente una casa del siglo XVIII. La solución contemporánea consiste precisamente en combinar funciones: mantener la masa de tierra conectada con el interior y colocar el aislamiento por el exterior, donde reduce las pérdidas y ganancias sin inutilizar esa capacidad de regulación.

Capa de corcho sobre muro de BTC. Fotografía propia del autor.

Para comprobar cómo se comportaría este tipo de muro hemos realizado un cálculo con la herramienta UBAKUS, utilizando una solución formada por 45 cm de tapia y 14 cm de aislamiento exterior de cáñamo.

Los resultados son muy buenos. El muro presenta una capacidad térmica muy elevada, es decir, una gran capacidad para absorber y almacenar calor sin que la temperatura interior cambie rápidamente. En el conjunto del cerramiento, esa capacidad alcanza los 1.246 kJ/m²K, de los cuales 1.039 kJ/m²K corresponden a las capas que quedan hacia el interior de la vivienda. Esto es especialmente interesante porque esa masa es la que ayuda a estabilizar directamente la temperatura interior.

El cálculo también muestra una amortiguación térmica superior a 100. Dicho de forma sencilla: las variaciones de temperatura que se producen en el exterior llegan al interior enormemente reducidas.

En este caso, UBAKUS ni siquiera considera relevante hablar de un desfase térmico concreto en horas. ¿Por qué? Porque la onda de temperatura exterior queda tan amortiguada al atravesar el muro que prácticamente no llega a producir un pico de temperatura en la cara interior. Mientras fuera la temperatura puede subir y bajar de forma importante a lo largo del día, en el interior el muro permanece mucho más estable.

En otras palabras: no solo conseguimos retrasar el calor, sino sobre todo evitar que esa oscilación exterior se reproduzca dentro de la vivienda.

Diagrama extraído del informe “UBAKUS” donde se muestra el gráfico de desfase térmico

La tierra cruda se alza así como un material especialmente interesante para desarrollar soluciones pasivas de climatización en climas mediterráneos, precisamente porque reúne propiedades que hoy buscamos de forma separada en distintos productos: elevada capacidad térmica, regulación higrométrica, baja transformación y posibilidad de utilizar recursos locales.

Y quizá sea aquí donde deberíamos poner una parte importante del esfuerzo de investigación, innovación y promoción pública.

No se trata de volver a construir exactamente como hace doscientos años. Se trata de estudiar y mejorar un material que ya conocemos: optimizar composiciones, desarrollar sistemas prefabricados, mejorar su comportamiento estructural, resolver encuentros constructivos, combinarlo con aislamientos naturales, mecanizar su puesta en obra y facilitar su incorporación a la arquitectura contemporánea.

La innovación no tiene por qué consistir siempre en sustituir los materiales tradicionales por otros nuevos. También puede consistir en comprender mejor lo que ya funcionaba y dotarlo de las herramientas técnicas actuales.

Proyecto contemporáneo de tierra cruda BTC

30+8 Social Housing Units — Vivas Arquitectos. Palma de Mallorca · 2025
Proyecto especialmente relevante por su escala y actualidad. Combina muros portantes de CEB/BTC con forjados de madera, trabajando con materiales de proximidad.

LAS DEPENDENCIAS DE LOS SISTEMAS LIGEROS DE MADERA

La limitada inercia no es el único aspecto que debe considerarse.

Los productos de madera estructural industrializada requieren cadenas productivas especializadas: selección de especies, secado, clasificación resistente, mecanizado, encolado, certificación y transporte.

La producción europea de CLT continúa concentrada principalmente en el centro y norte de Europa. España dispone de escasos recursos forestales para construcción y estructuras de madera, unido a que los sistemas de madera necesitan una industrialización que produce deslocalización y huella de carbono.

Por tanto, resulta necesario comprobar en cada proyecto:

  • De dónde procede realmente la madera.
  • Qué distancia ha recorrido.
  • Dónde se ha transformado.
  • Qué adhesivos y tratamientos incorpora.
  • Qué posibilidades existen de reparación y reutilización.

También debe asumirse una estrategia preventiva frente a la humedad y los organismos xilófagos.

La península ibérica cuenta con especies de termitas capaces de afectar a estructuras de madera. Investigaciones recientes advierten de la posible ampliación de sus áreas de distribución debido a la combinación del cambio climático, el crecimiento urbano y el comercio global.

Esto obliga a considerar medidas de protección adicionales y tener en cuenta que la madera puede verse atacada por insectos y hongos xilófagos en cualquier momento.

La madera puede utilizarse correctamente en estas condiciones, pero no puede presentarse como un material sin dependencias ni necesidades de control y mantenimiento.

MIENTRAS BUSCAMOS NUEVOS SISTEMAS, DEJAMOS CAER LOS QUE YA TENÍAMOS

Existe una contradicción todavía más evidente.

Mientras se destinan recursos a promover nuevos modelos industrializados, numerosas construcciones de tapia y adobe que pertenecen al patrimonio de nuestros pueblos y paisajes permanecen abandonadas, son demolidas o se reparan con materiales incompatibles.

Demolerlos para construir desde cero con materiales industrializados difícilmente puede considerarse sostenible sin realizar una comparación completa.

La construcción más sostenible puede ser la que ya está construida.

Recuperar estos edificios no significa congelarlos en el pasado. Pueden incorporarse aislamiento, instalaciones, nuevas carpinterías, saneamiento, refuerzos estructurales y mejoras de accesibilidad sin eliminar la lógica material que les ha permitido permanecer en pie.

Vivienda de tapia en Salares

Mientras buscamos la próxima solución sostenible, dejamos desaparecer una arquitectura construida con los recursos del propio territorio.

NO TENEMOS QUE INVENTAR LA CASA MEDITERRÁNEA

Ya está inventada. Lo que necesitamos es comprenderla, conservar lo que sigue siendo válido y adaptarlo con los conocimientos y sistemas constructivos actuales.

La sostenibilidad no consiste en sustituir un material industrial por otro material de moda. Consiste en diseñar desde el clima, reducir la necesidad de climatización y emplear cada recurso donde realmente aporta valor.

En buena parte de los climas mediterráneos, la tierra cruda ofrece algo especialmente valioso: masa térmica, regulación de la humedad, proximidad y continuidad con una cultura constructiva que lleva siglos adaptándose al territorio.

Los lagares, las bodegas, las casas de tapia y tantas construcciones agrícolas no son únicamente patrimonio. Son también conocimiento construido.

Vivienda de tapia en Benamocarra

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